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Lo más importante que podemos reflexionar en esta semana dedicada al Amor son las acciones específicas y concretas que nosotros podamos hacer en cumplimiento con este Principio del Amor. Todas las grandes religiones y las grandes filosofías —absolutamente todas— coinciden en que el amor es el principio más importante en la Creación. La Creación está hecha por amor, de modo que es una vibración propia de la Creación. No hay religión ni corriente filosófica o espiritual que no lo sostenga o no lo diga. Y sin embargo, la humanidad permite que haya tanto odio, tanta violencia, tanta animosidad, tanto crimen, tantas muertes, que a principios de este siglo cada día mueren 35.000 niños. Son cosas que no calzan con las creencias que la gente dice sostener.

Yo creo que una de las razones fundamentales es que es bastante fácil declararle el amor a Dios. Porque como El está en otra realidad trascendente, intangible para nosotros, es fácil decir “yo lo amo”. Es fácil ir a un templo, practicar algo, hacer una oración y decir “lo amo y El me ama”, atribuirse que a uno El lo ama. Pero la realidad es que las cosas no funcionan así, de lo contrario el mundo sería muy distinto. Tal vez lo principal es que uno tiene que realizarlo y practicarlo con las personas que a uno le rodean. 

También es fácil lamentarse de lo que pasa en otra parte del mundo, emocionarse con una película, emocionarse con lo que vemos en televisión por lo que le sucede a alguien, pero sin embargo, en la casa o en el trabajo o con los vecinos, se tiene otro comportamiento muy distinto, porque esa persona está quizás demasiado cerca y molesta.

Creo que mientras sea así, es una emoción externa. Uno tiene que demostrar el amor con acciones concretas con las personas que están al lado de uno. Uno no puede arreglar los males del mundo, pero sí puede poner una cuota de amor y de servicio a la gente que está cerca, a la que le caiga bien y a la que le caiga mal, a quienes lo quieran y a quienes lo odian. Sobre todo quienes le caen mal y a quienes le odian. Eso es lo más importante. Las acciones de amor y servicio se demuestran en esos pequeños actos. Tampoco en las grandes ceremonias y grandes declaraciones sino que en los pequeños gestos y en las pequeñas acciones. 

Cuando vemos que de pronto un hermano o una hermana declara un amor sublime hacia el maestro y hacia la institución, uno podría apostar que muy luego se irá del grupo, porque es producto muchas veces de una emoción momentánea. Pero insisto que lo que verdaderamente va a perdurar son aquellos actos cotidianos, eso que se realiza semana a semana. Nuestra escuela provee muchas oportunidades de practicarlo y experimentarlo. 

Las simples labores administrativas se pueden convertir en una gran acción de amor. El preparar unas cartas es un puro gesto de amor y de servicio. Y si se pone amor en eso, estoy convencido que esas vibraciones van allí, y puede llegarle a una persona en el momento más oportuno, más necesario, ya sea en este tiempo presente o en el tiempo futuro. Por ejemplo, alguien recibe hoy una carta con un mensaje nuestro y le impacta, le gusta y se siente emocionado porque recibió correspondencia de su organización o de un amigo o de un hermano. Y otras veces, no tiene tiempo, está preocupado de otras cosas y la deja por ahí. Y pueden pasar días y semanas y se encuentra como por casualidad con la correspondencia o con alguna información y justo entonces es su momento de apreciarlo.

Creo que el mundo y nuestra sociedad necesitan mucho de hermanos como ustedes, de fraternidades como la nuestra, que buscamos día a día ofrecer un poquito más de amor a los demás. Yo creo que en las vidas de cada uno de ustedes, sobre todo aquéllos que llevan más tiempo, han podido superar muchas cosas, aprender la vida de otra manera, más sabia, más amorosa, más inofensiva, con mejor calidad. Estoy seguro que en el futuro lo harán mejor todavía. Cuando uno está un tiempo en la institución valora mucho esto y se nota. Uno lo nota porque muchos de ustedes están permaneciendo hace varios años acá, sin que esto signifique algún puesto de trabajo, algún sueldo, alguna calificación, nada. Lo hacen solamente porque es bueno para sus vidas.

Considera también que las bendiciones que recibes, si sientes esta ley del amor y del servicio, tienes que devolverlas aumentadas. Cada uno de ustedes va a ser mucho más feliz todavía si hace algo concreto para que otras personas nos conozcan. Para que otras personas puedan compartir también los logros de ustedes, para que otras personas tengan también la oportunidad de venir a una fraternidad como esta, a una escuela de iniciación real, donde sí se producen cambios conductuales y rápidos. Si ha sido bueno para ustedes, estoy seguro que va a ser bueno para muchas otras personas que puedan conocer o que ya conocen o que ustedes motiven de alguna manera.

Esa es la manera de hacerlo. En otras partes a lo mejor los mandarían a predicar a la calle, a golpear puerta a puerta, o hacer muchas acciones de ese tipo, porque si uno cree en el ideal en donde está, tiene que hacer algo por ese ideal. Aquí se pide algo más sutil, es voluntario, es de acuerdo al ritmo de cada uno y a lo que cada uno sienta. Pero tal vez por eso se olvida y es bueno estarlo recordando. Y hay muchas maneras de hacer algo por dar a conocer lo que es una escuela de iniciación real: compartiendo una enseñanza con alguien, conversando con una persona sobre esto, compartiendo un libro, una grabación, dando a conocer la dirección de internet, llevando una chapita para que la gente la vea y pregunte de qué se trata y fomentar una conversación. O llevarle la alegría a otra persona que va a reconocer a su instituto en esa chapita y recodará que fue estudiante y que aprendió muchas enseñanzas. Hay muchas maneras sencillas de hacerlo. Recuerda que si no va acompañado con acciones, con gestos de amor, son sólo palabras. Las transformaciones que nosotros podamos hacer tienen que ser mediante acciones y estas acciones movidas por la emoción en lo que uno hace, con la fuerza, con la emotividad con que realiza las cosas. Por eso entonces es algo que tiene que nacer del alma y por eso nadie se esfuerza: tiene que nacer. Cuando te pones en acción y tratas de dar más de lo que recibiste, descubres que recibirás mucho más de lo que entregas. Siempre vas quedando como en deuda. Pero es muy lindo porque así vamos irradiando amor, alegría a más personas.

Hay una oración que damos a conocer que dice en una parte: “amor a todos los seres, al este, al norte, al sur, al oeste, arriba, abajo; amor a todos los seres.” Quiere poner énfasis en eso, que se trata de amar a todos sin distinción. Es natural que simpaticemos más con unos, sincronicemos más con otros, pero no deberíamos negar una ayuda solidaria, una palabra de aliento, de estímulo, un mensaje positivo a todas las personas. No cuesta gran cosa y esa palabra de aliento, de estímulo, puede obrar milagros en alguien. A veces se recibe en el momento más oportuno, más necesario.

Serval, S.I.I. Orden Martinista; G.M. Fraternitas Rosicruciana Antiqua; Rector de la Orden de Templos Operativos.