Osiris

Según los textos de las Pirámides, Osiris era hijo de Geb y de Nut, las divinidades de la Tierra y del Cielo.

Osiris fue un gran rey. Su reinado fue todo beneficioso y progreso para Egipto. Sacó a sus súbditos de la rudeza primitiva, les enseñó a cultivar la tierra, a preparar el vino, a extraer los metales mediante las industrias, hizo nacer las artes, dio a sus súbditos leyes justas y hasta les inculcó el amor y respeto a los dioses. En su obra de civilización y bondad fue secundado infatigablemente por su hermana y mujer, Isis, gran maga, cuya ciencia sobrenatural le ayudó mucho a realizar sus invenciones, y que, además de compartir con él el poder le remplazaba durante sus ausencias, Toth, el escribano sagrado, administrador adicto, protector de letras, artes y ciencia, y Anubis, el dios guerrero, su compañero fiel, fueron también preciosos auxiliares de Osiris.

Todo, pues, hubiese sido perfecto de no haber tenido Osiris un hermano envidioso: Seth. Este Seth pasaba todo el tiempo maquinando intrigas contra su hermano. Pero Isis velaba y durante muchos siglos sus manejos perversos fueron inútiles. Hasta que un día Seth hizo fabricar un cofre suntuosamente decorado, de la dimensión exacta del cuerpo de Osiris. Luego celebró un banquete, en el que se sentaron a la mesa con ambos hermanos los setenta y dos cómplices de Seth. Alegres, cual todos los presentes a meterse en el cofre, prometiendo un buen regalo al que lo llenase completamente. Tras haberlo intentado todos en vano, Osiris entró en él, y, en efecto, pudo ajustarse perfectamente. Mas apenas lo había hecho, los conjurados cayeron sobre él, cerraron la tapa, la clavaron sólidamente, y luego, llevándole hasta el Nilo, le arrojaron en él. El gran rio recibió el cofre, y como a una nave sin timón, arrastrándola dulcemente, la condujo hasta el mar.

Al llegar aquí, tres versiones distintas cuentan la suerte futura del cofre y de su precioso contenido. Según los textos de las pirámides, Isis, ayudada por Nefthis, acabó por encontrar el cuerpo de su esposo, pero en estado de descomposición, los huesos ya desunidos. Sus lamentos fueron tales, que Geb y Nut corrieron en su ayuda, readaptaron los miembros del cadaver, y tras ello Ra, que sostenía la cabeza (los demás dioses estaban en torno suyo), le ordenó resucitar. A la voz del demiurgo Osiris despierta, “y ya no se corrompe ni se descompone”.

La estela de Louvre, que aunque de la décimaoctava dinastía no hace sino reproducir probablemente un documento original del Imperio Medio, nos da la segunda versión. Según ésta, Ra, conmovido por las lamentaciones de Isis, la envió a Anubis para que cumpliese los ritos funerales con Osiris, le envolviese en bandas apropiadas e hiciese con ello la primera momia.

En fin, la tercera versión, que es la referida por Plutarco (y de la que se hallan alusiones en algunos textos egipcios), cuenta que el cofre que contenía los restos de Osiris fue llevado por las olas hasta la costa de Fenicia, a un lugar inmediato a Biblos. Que el cofre fue a detenerse bajo un árbol (erika), cuyo tronco, creciendo en torno del cofre rápidamente, le envolvió disimulándole bajo su altura, y que más tarde, habiendo pasado por allí Malkandros, rey de Biblos, sorprendido de la corpulencia del árbol tan magnífico, mandó que le cortasen y del tronco hizo la columna que sostenía su palacio.

Entretanto, Isis había empezado a buscar el cuerpo de su esposo, alcanzando al fin a saber, gracias a sus conocimientos mágicos, a donde había ido a parar. Encaminándose, pues, a Biblos, y habiéndola permitido Malkandros recobrar el cofre, volvió con él a Buto, donde lo ocultó en los pantanos para evitar que Seth lo hallase. Pero éste, habiéndole encontrado por casualidad en una de sus cacerías nocturnas, sacó el cuerpo del cofre, le cortó en catorce pedazos y se entregó a sus cómplices para que éstos los dispersasen. A causa de ello Isis tuvo que echarse de nuevo en busca de los restos de su amado esposo. Infatigablemente, en una barca hecha con papiros, empezó a recorrer los pantanos, en los que tuvo la fortuna de hallar todos los trozos menos el correspondiente a las partes sexuales, que había sido devorado por los peces oxirrigchos. Una vez los pedazos en su poder, se dispuso a darles vida de nuevo. Para ello tomó la forma de un milano, se posó sobre el cadáver, empezó a mover suavemente las alas, y Osiris volvió inmediatamente a la vida, fecundándola al punto y dejándola embarazada de Horus. Por supuesto, como acabamos de ver, le faltaban las partes sexuales, pero, ¿qué habrá imposible para un dios? A otros muchos, ¿no los hemos visto realizar cosas no menos peregrinas y extraordinarias?

Tras su resurrección, Osiris escogió voluntariamente ser en adelante rey, no en este mundo tan lleno de asechanzas y peligros, sino en el más tranquilo del otro lado en el de los muertos. En cuanto a Isis, se refugió en el Delta del Nilo para escapar a la persecución de Seth, donde, llegado el momento, en el lugar que más tarde debía ser denominado Khenmis, dio nacimiento a Horus, que un día vengaría a su padre. Luego le crio y educó con celo infatigable; celo y hasta habilidad, pues que tuvo que salvarle de las asechanzar del poderoso Seth. Hasta que ya adulto y fuerte estuvo en condiciones de combatir con el eterno enemigo de sus progenitores.

Así tenía que ocurrir. La segunda parte, Seth-Horus, empieza al punto. Tras infinitos trámites e incidentes, pues hasta la justicia celestial, es larga y complicada (este pleito duró ochenta años), la sentencia es favorables a Horus, que obtiene el trono de su padre. En cuanto a Seth (en cuestiones judiciales el poderoso no pierde nunca del todo), para que cese en sus maquinaciones, Ra le llama junto a él. En adelante será para Ra un hijo. Con ello, contento en el Cielo y paz y alegría en la Tierra. Sobre todo para los faraones, puesto que la sentencia celestial fue no menos importante para ellos que para los interesados: habiendo sido legitimado Horus como sucesor de su padre, los futuros faraones, y antes que ellos Menes, primer rey de la primera dinastía quedaban consagrados como dueños del trono por derecho divino. Todos los demás reyes del mundo no podían ser menos.

Preparado por Serval

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